Fernando Sebastián de Erice, Tánger en la poesía

Fernando Sebastián de Erice tiene un poema que habla de Tánger titulado Boceto de Tánger:
Tánger, fuma en su bahía
el cigarrillo del muelle,
recostada en el Estrecho,
blanca, gentil e indolente.
Pasan los años, las cosas,
Pasan y se van las gentes;
Tánger, hembra siempre bella,
permanece.
Hembra atractiva, coqueta,
novia que a todos ofrece
el embrujo de sus noches,
que vigilan complacientes
Espartel y Malabata*
que se guiñan… y se entienden.
Apolo, Baco y Mercurio,
aman a esta Venus de Hércules.
Conoce todas las lenguas
y sonríe indiferente
ante las preocupaciones
de un Mundo lejano, ausente.
Tánger canta en sus callejas,
Tánger bebe en sus burdeles,
Tánger danza, Tánger… cuenta
ganancias de mercaderes.
Y en los Siaguins - ¡Balak! ¡Balak!
la confusa algarabía
de la lección más extraña
de una loca geografía…
Como mujer, es vehemente
y en sus pasiones de amante
tan pronto se da al Levante
con frenesí de demente,
como se entrega al Poniente,
según le sople el instante.
Meridional y del Norte,
Oriental en Occidente,
rosa de todos los rumbos,
mar de todas las corrientes…
Los avatares del siglo
se estrellan en sus rompientes
y en su playa vasta y fina
hay un mundo sonriente…
Vida fácil, sin premuras,
aire tibio, grato ambiente,
muchas flores, cielo claro
que ninguna sombra empeña
y, a lo lejos, transparente
parte del mapa de España
que, recortado en saliente,
al África casi toca
como si fuera la boca
que recibe el beso ardiente
que se dan de roca a roca
Continente a Continente.
*El autor se refiere a los faros del Cabo Espartel y de Malabata